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La verdadera Amanda
La verdadera Amanda Knox
no se parece en nada a la imagen perversa de ella presentada por las
autoridades italianas y por ciertos medios informativos. Amanda es una
persona de buen corazón con una personalidad afable y positiva. Dice lo
que piensa pero rara vez se enfada. Si algo le molesta lo expresa por
escrito como aprendió en el instituto jesuita donde estudió y
donde les enseñaban a los estudiantes a mantener un diario,
siguiendo la tradición de San Ignacio, para superarse personal y
espiritualmente. Amanda no ha cometido un acto de violencia en su vida
y aborrece todo tipo de crueldad.
Estas fotos de Amanda son de cuando era pequeña.

Amanda sonriendo en la fiesta
de su séptimo cumpleaños. En esta foto, se ve a Amanda entre su madre y
su tía con su primito. La madre de Amanda dice que era muy buena de
pequeña y muy fácil de complacer, siempre estaba contenta.
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Amanda adora los niños pequeños y ellos a su vez la quieren mucho también.
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Aquí se ve a Amanda con su
hermana Deanna y sus primos en el 2001, al poco tiempo de graduarse de
la escuela Explorer West Middle School en donde recibió un premio en
reconocimiento a su buen carácter y talento académico:
Se
otorga el premio Manvel Schauffleur a aquel o aquella estudiante de la
escuela Explorer West Middle School que haya demostrado un alto nivel
de excelencia académica, servicio a la comunidad, entusiasmo,
generosidad y completa integridad en todos los aspectos.
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Amanda nunca les pidió a sus
padres que le compraran un coche o ropas elegantes, lo único que quería
era una buena educación. Aunque no es de procedencia católica, siempre
quiso ir al instituto Seattle Prep porque sabía que era la escuela más
exigente de Seattle. Por lo que tomó un examen de entrada y la
aceptaron con una beca. Siempre sacó buenas notas desde que empezó.
El verano siguiente, después del
primer año en el instituto Seattle Prep, Amanda participó en un
programa de intercambio de estudiantes y pasó varias semanas viviendo
con una familia en Japón, donde le sacaron esta foto.
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La joven Amanda con su perro Ralphy.
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 Amanda
al inicio de su edad adulta. Cuando asistía a la Universidad de
Washington tuvo varios trabajos part-time para ganar dinero para poder
estudiar en el extranjero. Uno de estos trabajos fue en una galería de
arte y su dueño, Rick Kirsten, recuerda un episodio que demuestra el
buen carácter de Amanda:
Un domingo por la tarde
celebramos una fiesta para varios artistas. Estábamos muy ocupados y la
galería de arte estaba repleta. En un rincón de la sala había una niña
de unos 8 a 10 años, sola. Parecía sentirse abandonada en medio de este
grupo de adultos, seguramente estaba pensando que le hubiera gustado
estar en cualquier otra parte más que en una galería de arte. Amanda se
dio cuenta de que esta niña estaba sola, interrumpió su conversación
con un cliente y se acercó a ella, se agachó frente a ella y le empezó
a hablar. Me dí cuenta de que su cara cambió completamente, empezó a
sonreir, a reirse y a charlar con Amanda. Amanda tuvo un gesto fabuloso
y cariñoso. Me sentí orgulloso de ella.
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Amanda y Deanna con sus nuevos primos —gemelos— a los que ayudaron a cuidar.
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Amanda con su querido perro Ralphy, Navidad de 2006. A menos de un año se vería en medio de una situación inimaginable.
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Los
medios de comunicación raras veces mencionan que Amanda cuenta con el
cariño incondicional y apoyo de muchísima gente que la conoce y que
está absolutamente segura de su inocencia. En noviembre de 2008, Amanda
escribió una carta dirigida a toda la gente del instituto Seattel Prep,
agradeciéndioles a todos por el increíble apoyo que viene recibiendo
desde que está en la cárcel:
No
hay palabras para expresar lo que supone para mí contar con el apoyo de
la gente que me conoce (e incluso de la que no me conoce) durante esta
situación… Después de un año he aprendido a reaccionar a la negatividad
de la presente situación con la mayor serenidad y calma posibles, pero
mi familia tiene que vivir en un mundo que parece no poder decidir qué
pensar sobre mi vida. O sea que gracias, gracias, gracias. Estoy
increiblmente emocionada por el cariño que me ha demostrado la
comunidad de Seattle Prep, lo cual no me lo habría esperado aunque sí
puedo decir que nunca lo hubiera dudado.
En la carta se despide con una frase en italiano:
Io
lo so che
non sono sola anche quando sono sola — Incluso cuando estoy sola no estoy sola.
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